Aquí te tengo tu cariñito

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De todo hubo en la gala de los Grammys

(Foto: pitchfork.com)

 

Anoche, en el Staples Center de Los Angeles, se realizó la 59na entrega de los premios Grammy, velada que finalizó con la coronación de la artista inglesa Adele como una de las más exitosas cantantes de nuestra época, al obtener cinco gramófonos en las cinco categorías en las que estaba nominada.

Pero más allá de los ganadores y “perdedores” que dejó la premiación, hay campo para hacer una análisis somero de lo sucedido pues ocurrieron varios hechos interesantes que aquí desglosaré.

En épocas en las que a nadie se le niega un: “doctor” o “maestro”, pues tampoco a nadie se le niega un Grammy.

La gala de anoche nos mostró un gran compendio de cantantes lúcidos, con un talento innegable, mas sin embargo, con pocas ideas a la hora de hacer sus letras o conseguirlas de alguien más. La mayoría de ellos, como Bruno Mars, Katy Perry, The Weekend, entre otros, interpretaron sus más recientes éxitos que están cargados de mensajes alusivos al sexo y la fiesta.

¿Tiene eso algo de malo? No. Siempre hay campo para todo y en un mundo tan trivializado como este, ya ni importa. Pero lo que impacta es que estos artistas, con un poder tan grande, no lo usen para ir un poco más profundo, para realmente impulsar un cambio en la sociedad. Las palabras en sus entrevistas son sólo poses dentro de un libreto armado para satisfacer el showbiz. 

Por otro lado, artistas como Ed Sheeran (a pesar de su notable decadencia lírica), Lukas Graham, Chance The Rapper, Pentatonix e incluso hasta Carrie Underwood, inspiran a aquellos que dábamos todo por perdido. La fe en los cantantes talentosos se recupera al ver las presentaciones que cada uno de ellos brindó. 

También pudimos asistir al ocaso del hip hop y del electro pop, y por el contrario, un resurgimiento tanto del rock como del funk y el soul. Fue una premiación llena de buenas ejecuciones musicales, que incluyeron muchos elementos de estos géneros y que dejan atrás años de dominio de los ritmos urbanos.

 

Un caso especial fue el de Ed Sheeran. Su presentación dejó en claro que es un músico virtuoso, que su voz es tan buena como la que encontramos en sus grabaciones, pero sobre todo, que es un artista versátil. Usando un looper (equipo para grabar pistas y ejecutarlas de inmediato) creó su propio mix y alternando diferentes sonidos que él mismo grabó, cantó su más reciente tema llamado “Shape Of You”. Una ejecución increíble.

Otro punto alto de la velada fueron los homenajes. El hecho a Prince fue quizás el mejor; The Time y Bruno Mars, quien demostró sus habilidades como músico tocando la guitarra de muy buena manera, deleitaron a los asistentes y televidentes con unas interpretaciones enérgicas, rítmicas, perfectas.

Siguieron los Bee Gees. Una mezcla de canciones incluidas en todo el repertorio de la banda australiana fue interpretada en cabeza de Demi Lovato y compañía. Una muy buena ejecución y un digno homenaje a una agrupación que es un ícono dentro de la cultura pop. 

Y llegó el turno de Adele con su homenaje a George Michael. Muchos se quedarán con su despiste al no encontrar la nota correcta cuando comenzó a cantar. Sin embargo y a pesar de la tensión nerviosa después de semejante “oso” ante millones de televidentes, con su interpretación de “Fastlove” demostró por que es una de las mejores cantantes de la década.

Y aunque todo parecía llevarnos a una reivindicación total de la academia, dos sucesos echaron casi todo por la borda. 

El primero tiene nombre: Beyoncé. Asistimos a una especie de “beatificación” en vida de la esposa de Jay Z. Anoche sucedió la coronación de la diosa Beyoncé en cadena nacional e internacional y ¡en directo! Está claro que el pueblo estadounidense la adora y la considera, literalmente, una diosa. Pero lo de anoche fue una oda a la “lobería” y a la exageración típica de los gringos. Fuimos testigos de una ironía: una virgen embarazada, que además fue glorificada como deidad. Patético y de mal gusto.

 

El segundo también tiene, en este caso, nombres: Metallica y Lady Gaga. El ridículo comenzó con la puesta en escena de la presentación: una manada de gente saltando como víctimas de un ataque epiléptico, sin ritmo y sin sentido. Fuego, taches y pelos alborotados, todos símbolos del estereotipo que el rock lleva encima como un sino, una falta de respeto en sí mismo. 

Pero como si fuera poco, cuando llegó el momento para que James Hetfield, cantante y líder de Metallica, mostrara su potente voz, el micrófono falló. Le veíamos cantar pero no se oía nada. Gaga, solidariamente, se las arregló para cantar a dúo con Hetfield usando su micrófono. El resultado se pudo ver en directo: James tirándole la guitarra por la cara a uno de los encargados del show y pateando el micrófono defectuoso. 

Gaga estuvo bien. Sobreactuada como casi siempre, pero bien. Pero el irrespeto, no sólo hacia Metallica, sino hacia toda una comunidad que de ninguna manera es menor, se hizo evidente. No hubo ningún otro error técnico ni antes ni después. ¿Coincidencia?

Como colofón hay que decir que la gala estuvo llena de talento, algo que no se veía hace mucho tiempo. Sigue siendo una ceremonia interminable y a veces hasta “inmamable”, especialmente cuando el presentador de turno (que en este caso fue James Corden) realiza las bromas pre diseñadas y predecibles. 

Hay esperanza. Todavía queda talento y parece que la tendencia está cambiando. Cada vez más se valora la voz en directo, sin auotune ni doblajes (no fue el caso de Katy Perry). Estamos dejando atrás la amarga época del electro pop y el hip hop y estamos recorriendo el camino del resurgimiento del rock. Sin embargo, el año próximo se seguirán viendo nominaciones tan exóticas como Twenty One Pilots a mejor acto de rock.

Y todo porque esta es una premiación hecha por los dueños de los grandes sellos discográficos para los artistas que están firmados por los mismos sellos discográficos, con muy pocas excepciones.


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