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El baile es  un arte intangible y fugaz, que se funde en los cuerpos de quienes la realizan y expira al concluir el movimiento. Es soñar con los pies

Encontramos a una mujer morena, ojos grandes y penetrantes, su boca dibujaba una delicada sonrisa, ella puesta en pie, con gran ímpetu y elegancia, rosa con su mano el vestido celeste con delicados flecos que acompañan y recalcan los giros y movimientos que realiza. Su cuerpo brilla aumentando la fantasía de la danza que la invade de los pies a la cabeza, recreando el espacio con el lenguaje del cuerpo.

Mientras tanto un viejo caballero con una trompeta marca el tiempo de la melodía, se trata de una hermosa canción de salsa cubana. Nos sentamos por varias horas a observar una de las expresiones artistas más importantes, donde la creatividad y la libertad van de la mano.

Estando allí nos sorprenden los movimientos de esta mujer que parecía ser de acero elástico. Todo su entrenamiento va perfectamente direccionado a jugar con el ambiente, las luces, los sonidos, e invadir la mente y el corazón de todos los presentes.

Al salir de allí nos damos cuenta de la vida tan diferente que tenemos, sin embargo, y por extraña razón existe algo que une dos polos opuestos hacia una sola mirada a un horizonte desigual pero con una gran similitud. La danza. Esta es una manifestación artística, la cual se ha presentado desde los principios del hombre, incluso antes de un dominio al lenguaje.

Por esta razón es considerada como una de las primeras expresiones artísticas de la humanidad, ­ya que la danza o el baile ha ocupado un papel primordial en la evolución ­de las civilizaciones, en unas ocasiones como instrumento ­al servicio de creencias míticas y mágicas, para contactarse con las divinidades o para rendir culto a la naturaleza y poder expresar sentimientos.

El baile es  un arte intangible y fugaz, que se funde en los cuerpos de quienes la realizan y expira al concluir el movimiento. Es soñar  con los pies.

Esto nos lleva a la conclusión de que no hay ninguna diferencia entre un bailarín profesional y uno que no lo es, respecto a lo que se entiende por danza. No hay un concepto teórico y único, que abarque su significado, ya que para todo su concepto es más que subjetivo.

Lo que sí es cierto es que las técnicas a la hora de bailar son diferentes de acuerdo a la especialidad del género musical, y el entrenamiento no es igual forma profesional e informal.

 

Angie Ruiz es una bailarina profesional de salsa, nacida en la ciudad de Cali donde empezó a  bailar a  la edad de 4 años, en una academia llamada El son de Cali, donde aprendió a realizar este arte no como un hobbie sino como una profesión. Al ir creciendo las técnicas que aprendía tenían un grado de dificultad cada vez mayor, lo que fue abriendo una brecha entre una bailarín profesional y uno que no.

“El estilo de salsa caleña proviene del cubano. Pero hay diferencia entre los dos.  En el primero, los movimientos de la pareja se hacen manteniéndose en un lugar, mientras que el estilo caleño se caracteriza por la velocidad de los pies, el desplazamiento del cuerpo por lo general es sexy  y se incorporan las más espectaculares figuras acrobáticas. Este estilo destaca los movimientos de la parte inferior del cuerpo, mientras que por encima de la cadera es más estática, por lo tanto, no es lo mismo escoger este arte por profesión que por un rato de diversión”. Sostiene Angie.

Como lo dice esta joven la diferencia entre las dos clases es la técnica que se maneja en cada una de ellas, la exigencia es mayor y lleva muchos años de entrenamiento, esfuerzo y dedicación. Aunque cabe resaltar que hay personas que tiene un don innato a la hora de bailar y a pesar de que tienen una técnica grabada en la cabeza, bailan mejor muchos profesionales. 

De esto nos pudimos dar cuenta cuando fuimos miembros de una academia de salsa. La  rapidez de los movimientos es la razón por la que es tan difícil aprenderlo. Los pies se emplean frecuentemente para actuaciones individuales (solos). Por consiguiente, el desgaste físico es enorme, pero sin duda alguna el espectáculo que se brinda es increíble.

Por lo general el bailador caleño no se apega a la clave, como lo hacen los cubanos sino, que hace una marcación a todos los instrumentos. Los cubanos bailan con las caderas, los puertorriqueños con las manos y los caleños con los pies, inclinados por la acrobacia y el ritmo frenético de la música.

Todos con procedimientos diferentes, pero finalmente es el mismo sentimiento que nace desde más profundo del ser, desde las partículas casi invisibles que nos habitan, para despertarnos el cuerpo y transmitir a través del movimiento aquello que nos sucede.