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 El baile es  un arte intangible y fugaz, que se funde en los cuerpos de quienes la realizan y expira al concluir el movimientoEs soñar con los pies

Eso pienso yo, Andrea González, no recuerdo con exactitud cuándo empecé a bailar, lo único que sé es que desde muy pequeña me encontraba en las academias de baile. Sin embargo, me enamore de la salsa y con este género empezó mi carrera profesional en este ámbito artístico.

Mi primera presentación fue en el Coliseo de la ciudad de Bogotá, tenía 10 años aún era una niña, pero esta experiencia la recuerdo como si fuera ayer. Los nervios  invadían todo mi cuerpo, pero la felicidad que sentía no tenía nombre. Los aplausos de los presentes se incrementaban cada vez más, y al terminar el evento uno de los jurados se acercó y me incorporó en una de las academias más importante de la Capital.

Y desde allí hasta mi adolescencia empecé a ver este arte como una profesión, las técnicas y el manejo que adquiere un bailarín profesional es de admirar, la disciplina, dedicación y perseverancia son primordiales en cada presentación.

Lastimosamente por circunstancias de la vida no pude seguir bailando, pero aun este arte recorre por mis venas, recordándome que es algo que va ligado a mí ser.

En medio de este espectáculo lleno de técnicas y profesionalismo, también podemos ver esa danza que se deja llevar por la pasión, esa que no se estudia, la que simplemente se siente. Catherine Chávez, una mujer de 22 años, es un fiel ejemplo de eso. Y aunque ya no baila recuerda como la danza le dio sus mejores días y como, para ella, cada movimiento era un latido de su corazón.

“Bailar siempre me hizo sentir viva, y como no si al final de cada ensayo, porque así no tenga técnica también ensayaba siempre, solo recordaba mi presentación anterior y como en medio de aplausos y gritos terminaba cada baile” aunque estos era aplauso  compartidos, Catherine era bailarina del cantante Jimmy Gutiérrez, si tenía claro algo y es que estaba haciendo un gran trabajo, pues al terminar cada show llegaba un nuevo admirador, no por su cuerpo ya que es esbelta y de ojos claros, sino por su talento o mejor por su don. Don que aunque al principio lo exploto por el dinero que se recibía en estos shows, termino amándolo y al compartirlo y darse cuenta que la danza es un lenguaje escondido del alma.

 

Ahí estaba yo, Jennifer Rodríguez,  recordando ese noviembre del 2014, esa mágica noche, no era mi primer show pero en el fondo sentía que era uno de los más importantes, antes de subir cerré mis ojos, respire, saqué mi sonrisa más grande y salí, elevamos nuestra mano y allí escuchamos los primeros aplausos.

 Sale Jimmy Gutiérrez, la gente cada vez más emocionada, suenan las trompetas y, a pesar de nuestro cansancio, mi cuerpo empieza a sentirse vivo en medio de vueltas, zapateos y la famosa  cogida del sombreo interpretamos cada canción, de repente se acercan unos niños, nuestro baile por momentos se ven interrumpidos, pues aquellos pequeños nos piden autógrafos, fotos y unos hasta bailan a nuestro lado, los papas emocionados nos dicen que llevan a sus hijos, no por las canciones sino, por ver el show de bailarinas, nuestro show.

Mi sonrisa crece aún más, mi corazón late cada vez más rápido pues me di cuenta del porque la danza es la representación artística más hermosa que puedo mostrar, me doy cuenta que una combinación de movimientos que van acorde a unas notas rítmicas puede parecer algo simple pero logra grandes cosas y es que la danza es capaz no solo de alegrar el alma, une sonrisas, une experiencias, une a grandes y a pequeños pero también une razas, la danza simplemente es algo que viene del corazón, no se piensa, se siente sino, no es danza.

Ese día, solo por ese día me di cuenta que lo que hacía era por ver esas sonrisas, por ver el cariño de los demás por ver como logramos que todos admiren la danza y, aunque no estudie se la importancia de la danza y puedo concluir que una vez eres bailarín nunca más serás un ser humano cualquiera, serás una persona apasionada, con una sonrisa diferente.

Por lo tanto, aunque presenciamos dos estilos diferentes de bailar, dos ritmos opuestos, diversos grados de dificultad siempre nos une un mismo pensamiento y es que para nosotras lo maravilloso de la danza es que nos transporta a diferentes emociones, que con su variedad rítmica  nos permite ser el conductor de nuestro propio cuerpo, y que ejerciendo movimientos sutiles que captan la atención de los espectadores, que al igual de nosotros ven en la danza una pasión, pasión que llevamos en el corazón.