Siendo 2 de diciembre, la época navideña ya se siente en el aire, al menos un mes antes la gente ya había empezado a decorar sus casas, mientras en el ambiente se escuchaban las canciones de Pastor López. Sin embargo, la navidad no siempre es una época alegre para todas las personas y mucho menos para aquellas que viven en condición de vulnerabilidad, como algunas personas de la comunidad adulto mayor, que no cuentan con un sustento económico. Ellos tienen que estar pensando en cómo sobrevivir cada día, cómo conseguir un pedazo de comida, cómo llenar sus necesidades básicas de salud, vivienda e inclusive el afecto de su familia y amistades, aun en contra de sus capacidad físicas y mentales, que ya no son las mismas.

Este es el caso de una comunidad de adultos mayores en condición de pobreza extrema que hace parte de la fundación Semillitas de Amor, ubicada en el barrio Villas del Progreso, en la localidad Ciudad Bolívar. Donde, gracias a la intervención psicosocial de mi madre en esta comunidad, pude conocerlos. Y ella, junto con otras personas que apoyaban esta labor, decidieron regalar ese 2 de diciembre, un momento de felicidad a estas personas, mediante una actividad de integración, en la cual se les regaló un desayuno, mercado y cobija, patrocinados por personas de gran corazón que quisieron sumarse a esta acción, pues los organizadores no tuvieron que poner ni un solo peso.

Ese día, teníamos que estar muy temprano en el Portal del Tunal, pues una camioneta recogería las cobijas que mi papá iba a obsequiar a los 35 abuelos, para que luego nosotros subiéramos a la fundación en un alimentador del sistema integrado de transporte, Transmilenio. A las 7:40 am llego la camioneta conducida por el esposo de la directora de la fundación, así que los que allí nos encontrábamos, nos dispusimos a subir las cosas, luego estos se despidieron y arrancaron su camino.

Luego de esto, entramos al Portal del Tunal y tomamos el alimentador Paraíso. El Psicólogo a cargo de la fundación, Bladimir Ilés, nos cuenta acerca de un atajo para no tener que subir tanta loma, sin embargo, mi madre y una de sus compañeras, que también ha trabajado en la fundación, alude sobre el peligro de tomar esta ruta, pues hay que pasar por los puntos de encuentro de las ollas de droga en este barrio, pero él responde que la gente de la comunidad los conoce así que no nos harán daño,  la expectativa queda, pero finalmente accedemos a pasar por el atajo confiando en sus afirmaciones.

 

Cada vez que subimos en el alimentador, mi curiosidad crece y observo detalladamente mi alrededor, al llegar, la vista desde allí a la ciudad es espectacular y aún más con el proyecto ´Habitarte´ del Distrito, que busca la transformación social dándole color a las calles de los barrios de origen informal.

A menos de una cuadra para llegar a la fundación, nos topamos con un grupo de jóvenes fumando marihuana, al parecer, donde se encontraban, es uno de los puntos tomados por las ollas droga. Sentimos temor, pero Bladimir los saluda con amabilidad, estos le responden el saludo, así que continuamos nuestro camino sin ningún problema.

Al llegar a la fundación, varios abuelos ya se encuentran allí vestidos con su mejor atuendo o con el único que tienen predestinado para fechas especiales, aun cuando no es la hora acordada, con un saludo muy cálido reciben a mi madre y a sus dos compañeras, inclusive una de las viejitas que se encuentra allí, les regala una rosa a cada una; el gesto me enternece, a leguas se ve la bondad en el corazón de esa señora.

Luego entramos al salón principal de la fundación, que hace también de comedor comunitario, empezamos a organizar todo, hasta bombas se pegan en las paredes; este día es de ellos y hay que hacerlos sentir especiales. Terminado de ubicar todo, se da paso a la entrada de los adultos mayores, de forma disimulada, empiezo a analizarlos uno por uno, hay algunos que, a pesar de su edad, se ven rejuvenecidos y en mejores condiciones en comparación de otros, que la pobreza y el abandono se les nota con solo la mirada.

Aunque no han llegado todos los abuelos a los cuales se les invitó, inicia la actividad con unas palabras por parte de Bladimir, y también se da paso para que mi madre lea una carta que venía en uno de los mercados, escrita por una niña de 9 años. Los abuelos que ya están en el lugar no parar de aplaudir, se notan muy agradecidos. A las 9:00 am se empieza a entregar el desayuno, el cual es un tamal con chocolate y pan, tal vez este es el primer bocado de muchos, pues la mayoría debe esperar a las 11 de la mañana para poder almorzar en el comedor. Para esta hora, ya casi todos han llegado.