Un Rabino en el ejército: Quién es Yaacov Rothstein?

Un Rabino en el ejército: Quién es Yaacov Rothstein?

Si de mantener la tradición, el patriotismo, la academia y la batalla cultural se trata, "FilosofíaJudía" es un referente en este arduo trabajo que demanda muchos libros, servicio militar y likes.

Yaacov Amar Rothstein se ha destacado en los últimos años en el ámbito del pensamiento judío en español. Además de su labor rabínica, es ingeniero y divulgador internacional, reconocido por dirigir la plataforma Filosofía Judía, desde donde ha difundido enseñanzas a una audiencia global. Su trabajo se caracteriza por un enfoque estructurado y académico, en el que combina fuentes tradicionales del judaísmo con análisis históricos y reflexiones contemporáneas.

Yaacov además, recibió la ordenación rabínica bajo la autoridad del Av Beit Din de Beitar Illit y durante años ha sido discípulo del rabino Ury Sherki. Su preparación incluye estudios en instituciones como Hochmat HaEmuná, Netiv Aryeh y Pirchei Shoshanim. También ha asumido roles relevantes en el ámbito noájida, participando en el Centro Noájida Mundial (Brit Olam) y en tribunales rabínicos vinculados a este movimiento. 

Paralelamente, cuenta con una sólida formación académica en ciencias. Es ingeniero químico egresado de la Universidad Ben-Gurión del Néguev y ha continuado estudios de posgrado en filosofía judía, enfocándose en el estudio de los Bnei Noaj. Asimismo, se graduó con honores en la Universidad Hebrea de Jerusalén y tuvo formación previa en Colombia en el campo de la biomecánica. Esta combinación de ciencia y tradición le permite abordar temas modernos con rigor intelectual y una perspectiva integral. 

En el ámbito profesional, ha trabajado como ingeniero en la industria y participó en iniciativas científicas relevantes, incluyendo el desarrollo de metodologías para el análisis genético durante la pandemia de COVID-19 en colaboración con la Universidad de Tel Aviv. 

También ha tenido participación en espacios políticos y comunitarios vinculados al sionismo, siendo delegado en el Congreso Sionista Mundial y miembro de órganos de la Organización Sionista Mundial. En estos roles, contribuyó a la evaluación de proyectos destinados a comunidades judías en distintas regiones del mundo y colaboró con iniciativas de apoyo a soldados en Israel. 

En el plano militar, forma parte de las reservas del ejército israelí con rango de sargento mayor, habiendo participado en diversas operaciones, incluyendo conflictos recientes. Su desempeño ha sido reconocido con distinciones dentro de las Fuerzas de Defensa de Israel. 

Desde joven mostró un alto nivel académico y liderazgo. Participó en el Concurso Internacional de Tanaj y tuvo un rol activo en movimientos juveniles judíos en Colombia. Más adelante vivió en un kibutz en Israel, donde trabajó en proyectos agrícolas con tecnología avanzada. Además, tiene una faceta artística como músico, habiendo producido contenido musical con su banda.

A lo largo de su trayectoria ha recibido diversos reconocimientos por su excelencia académica y su impacto en la comunidad. Actualmente, además de su labor educativa, ofrece conferencias, asesorías y participa en proyectos relacionados con el pensamiento judío, la identidad de Israel y la enseñanza de la tradición.

En conjunto, su perfil representa una integración poco común entre fe, conocimiento académico, experiencia práctica y compromiso comunitario, lo que lo posiciona como una voz influyente dentro del judaísmo contemporáneo en el mundo hispanohablante.

En PrensaCapital admiramos mucho su labor y extendemos un abrazo al Rab Yaacov. 

Pueden visitar su página web: www.filosofiajudia.com 

Las IDF abatieron un "periodista" miembro de Hamas.

Las IDF abatieron un "periodista" miembro de Hamas.

Israel neutraliza a terrorista de Hamás que operaba encubierto como periodista en Gaza

Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) llevaron a cabo una operación precisa en la Franja de Gaza en la que fue abatido Mohammed Samir Mohammed al-Shawakh miembro activo del grupo terrorista Hamás que, según inteligencia israelí, utilizaba su identidad como periodista para encubrir actividades militares.

De acuerdo con el Ejército israelí, el individuo no solo colaboraba con la organización terrorista, sino que también participaba en funciones operativas clave, incluyendo apoyo logístico y planificación de ataques. Las autoridades señalaron que este tipo de tácticas —emplear coberturas civiles o mediáticas— forman parte de la estrategia de Hamás para evadir la detección y operar dentro de zonas densamente pobladas.

Las FDI indicaron que la operación se ejecutó tras un proceso exhaustivo de verificación de inteligencia, con el objetivo de minimizar daños colaterales y evitar afectar a civiles. Este tipo de acciones, subrayaron, responden a la necesidad de proteger a la población israelí frente a amenazas directas.

Diversos reportes han advertido previamente sobre la infiltración de miembros de organizaciones terroristas en estructuras civiles, incluidos medios de comunicación. Investigaciones independientes han señalado que un porcentaje significativo de personas catalogadas como “periodistas” en zonas de conflicto mantenían vínculos con grupos armados.

Israel reiteró que continuará actuando contra cualquier amenaza terrorista, incluso cuando estas se oculten bajo identidades aparentemente civiles, enfatizando su derecho a la legítima defensa frente a organizaciones que violan sistemáticamente las normas internacionales al mezclarse con la población civil.

Misiles iraníes sobre Israel: la escalada que amenaza con incendiar Medio Oriente

Misiles iraníes sobre Israel: la escalada que amenaza con incendiar Medio Oriente

Los últimos ataques de Irán contra Israel no son solo un intercambio de misiles: son un desafío directo al poder disuasorio de Tel Aviv y un mensaje calculado para probar hasta dónde puede llegar la escalada sin desencadenar una respuesta total. Cada proyectil que cae sobre suelo israelí no solo daña infraestructura, sino que empuja a la región hacia un punto de no retorno donde la guerra limitada se transforma en conflicto abierto.

Irán ha elevado la apuesta con una nueva andanada de misiles balísticos dirigidos a posiciones clave en Israel, incluyendo zonas residenciales y bases militares. Estos ataques, que han perforado temporalmente sistemas de defensa como el Domo de Hierro, buscan demostrar capacidad tecnológica y voluntad política: no solo responder a provocaciones previas, sino afirmar que Teherán puede golpear el corazón del adversario sin restricciones. Las sirenas, los refugios y las imágenes de cráteres en barrios son el recordatorio visual de que la guerra ya no es solo proxy o asimétrica.

Desde la perspectiva iraní, estos lanzamientos cumplen varios objetivos inmediatos. Primero, consolidan el apoyo interno mostrando fuerza frente a Israel y Estados Unidos. Segundo, proyectan poder hacia aliados como Hezbolá, hutíes y milicias en Siria e Irak, recordándoles que Irán sigue siendo el eje de la "resistencia". Tercero, miden la capacidad de respuesta israelí: si Tel Aviv duda o contiene su réplica, Irán gana margen político; si la respuesta es desproporcionada, Teherán puede victimizarse y movilizar más apoyo regional y global.

Pero las consecuencias de estos ataques van mucho más allá del impacto inmediato. Cada misil que evade defensas aéreas debilita la percepción de invulnerabilidad israelí, aumentando la presión interna sobre el gobierno para una retaliación masiva. Eso podría traducirse en strikes profundos contra instalaciones nucleares, refinerías o comandos de la Guardia Revolucionaria en suelo iraní, rompiendo el tabú de ataques directos contra el territorio metropolitano de la República Islámica. Una vez cruzada esa línea, la escalada se vuelve exponencial.

El riesgo más grave es la regionalización del conflicto. Si Israel responde con fuerza, Irán podría activar frentes simultáneos: Hezbolá desde Líbano con miles de cohetes diarios, hutíes bloqueando el mar Rojo, y ataques coordinados desde Siria e Irak contra bases estadounidenses. Eso arrastraría a Estados Unidos, Arabia Saudita, Jordania y posiblemente Turquía, convirtiendo una guerra bilateral en un caos multinacional con cierres de estrechos, interrupciones petroleras y oleadas de refugiados.

Económicamente, el precio ya se siente: cada alerta eleva el crudo Brent por encima de los 100 dólares, encarece el transporte marítimo y alimenta inflación global. Para Israel, los daños acumulados —aeropuertos cerrados, industrias paralizadas, turismo evaporado— suman miles de millones semanales. Para Irán, sanciones renovadas y aislamiento agravan una economía ya frágil. Pero el costo humano es el más brutal: familias israelíes en sótanos, civiles iraníes bajo bombardeos retaliatorios, y un saldo de muertos que se acelera sin freno.

La comunidad internacional murmura sobre "contención" y "diplomacia", pero sus palabras suenan huecas mientras misiles cruzan cielos. La ONU pide alto al fuego, pero sin mecanismos de enforcement. Estados Unidos modera a Israel públicamente mientras le provee inteligencia y municiones. Rusia y China condenan, pero usan el caos para avanzar sus agendas. Nadie tiene palanca real para detener la inercia destructiva.

Estos ataques agudizan el conflicto porque rompen equilibrios precarios. Irán apuesta a que Israel no se atreverá a un golpe definitivo por miedo a una guerra total; Israel calcula que ceder invita a más agresiones. Ninguno gana en la duda: cada día de tensión acumula odio, destruye infraestructura y normaliza la violencia como política exterior. Si no hay desescalada forzada —por presión externa o agotamiento mutuo—, Medio Oriente podría ver el peor capítulo de su historia moderna: no una guerra rápida, sino un incendio prolongado que consuma a todos.

Israel no prohibió la misa el Santo Sepulcro: Prohibió todo

Israel no prohibió la misa el Santo Sepulcro: Prohibió todo

Luego de la caída de un fragmento de misil iraní en la ciudad “vieja” de Jerusalén, por la seguridad de los peregrinos durante la semana santa, el gobierno de Israel prohibido cualquier acto religioso en la zona, incluyendo los rezos de cierre de ramadán en la mezquita Al-Aqsa (construida encima del templo judío de Jerusalén), también la peregrinación tradicional de los judíos al Kotel y la misa en el santo Sepulcro. 

Pese al enfoque en materia de seguridad de la medida preventiva, medios repiten con gran velocidad que Israel solo prohibió los santo sepulcro, alimentando discurso de odio y reforzando la lucha entre religiones que ha sido, lamentablemente un fuerte pilar del anti semitismo en la historia.

La prohibición no fue sesgada, fue general para garantizar la supervivencia de todos mientras la escalada del conflicto en medio oriente.

Israel implementó estrictas prohibiciones religiosas durante Pésaj (Semana Santa judía) que transformaron la vida cotidiana, desde el cierre total del espacio aéreo hasta restricciones vehiculares en zonas ultraortodoxas. Al mismo tiempo, desplegó un operativo de seguridad sin precedentes para proteger a 9,5 millones de ciudadanos bajo la amenaza de misiles iraníes y cohetes de Hizbulá.

Pésaj 2026 en Israel no fue solo celebración religiosa: fue supervivencia organizada. Desde el atardecer del 31 de marzo hasta el 7 de abril, el país entró en "modo festivo blindado" con prohibiciones religiosas que paralizaron la normalidad civil mientras el Ejército (Tzahal) elevaba defensas al máximo ante la ofensiva iraní.

Prohibiciones religiosas estrictas para todos los credos:

  • Cierre total del espacio aéreo : El Aeropuerto Ben Gurion suspendió todos los vuelos comerciales durante los 8 días de Pésaj, afectando a 120.000 pasajeros. Solo aviones militares y humanitarios operaron.

  • Transporte público paralizado : Autobuses, trenes y metro cerraron en sábado (Shabat + primer día Pésaj). En Jerusalén y Bnei Brak, vehículos privados quedaron restringidos.

  • Prohibición laboral : Comercio, industria y servicios no esenciales cesaron. Solo hospitales, seguridad y alimentos kosher funcionaron.

  • Control kasher estricto : Inspecciones masivas eliminaron jametz (levadura) de supermercados, hoteles y espacios públicos.

Operativo de protección masiva: Tzahal desplegó 15.000 reservistas adicionales, posicionando 18 baterías del Domo de Hierro en Galilea, Golán y centro del país. El norte (Haifa, Safed) quedó bajo alerta roja permanente por cohetes Hizbulá; Tel Aviv y Jerusalén multiplicaron refugios públicos. La policía levantó patrullaje en 200 sinagogas y 1.200 sedes comunitarias.

El Magen David Adom (equivalente a la Cruz Roja) instaló 450 puestos médicos móviles con 3.000 voluntarios, mientras las ciberdefensas blindaron redes eléctricas ante amenazas iraníes. En kibutz fronterizos evacuados, drones y sensores monitoron los movimientos 24/7. Los niños recibieron simulacros de sirenas en escuelas, y aplicaciones de alerta masiva actualizaban refugios en tiempo real.

La logística religiosa se adaptó a la guerra: 2.500 séders en refugios, matzá distribuida por militares, rabinos oficiando vía Zoom desde bunkers. Hoteles kosher en Eilat (sur seguro) recibieron 80.000 peregrinos del norte. El primer ministro Netanyahu presidió el seder estatal con comandantes militares, simbolizando "libertad defendida con hierro".

Resultado: cero víctimas civiles directas por ataques durante Pésaj, aunque 14 heridos leves por sirenas y 200 casas dañadas en Galilea. La combinación de tradición milenaria y tecnología bélica permitió celebrar la liberación del Éxodo mientras se combatía una amenaza existencial moderna.

 

Medio Oriente en llamas: ¿intervención oportuna de Estados Unidos e Israel o nueva vuelta al círculo de la guerra?

Medio Oriente en llamas: ¿intervención oportuna de Estados Unidos e Israel o nueva vuelta al círculo de la guerra?

El conflicto en Medio Oriente rara vez nace de cero: suele ser la suma de viejas heridas, agendas religiosas y geopolíticas, juegos de poder regional y silencios internacionales. En este contexto, la intervención de Israel y Estados Unidos aparece como una respuesta “rápida” ante ataques, amenazas o movimientos de actores armados que, desde la narrativa de Washington y Tel Aviv, ponen en riesgo la seguridad de sus ciudadanos, la estabilidad regional y el flujo de recursos estratégicos como el petróleo. El relato oficial habla de protección y contención; el trasfondo combina seguridad, influencia y mensajes hacia aliados y enemigos.

Desde el lado israelí, la intervención se presenta como una reacción casi obligada: ataques de milicias, cohetes, drones, infiltraciones o amenazas directas desde países y grupos que consideran existencialmente hostiles. Israel actúa, según su propia doctrina, bajo la lógica de la “respuesta contundente y preventiva”: no solo neutralizar la agresión, sino enviar la señal de que cualquier ataque tendrá un costo altísimo. Esa estrategia busca disuadir a futuros agresores, pero suele venir acompañada de daños colaterales, escaladas y una narrativa internacional dividida entre quienes ven defensa legítima y quienes ven uso desproporcionado de la fuerza.

Estados Unidos, por su parte, rara vez se mantiene totalmente al margen cuando Medio Oriente se calienta. Su intervención “oportuna” mezcla varios objetivos: proteger a Israel como aliado estratégico, garantizar que el conflicto no cierre rutas energéticas clave, contener a potencias rivales (como Irán o actores asociados a otras potencias globales) y mandar un mensaje de liderazgo a la comunidad internacional y a su propia opinión pública. Esa intervención puede ir desde el apoyo diplomático y de inteligencia, hasta despliegue de tropas, sistemas antimisiles, portaaviones y ataques puntuales contra objetivos considerados “amenazas inminentes”.

Para quienes defienden la intervención, lo que está en juego es evitar que un conflicto local se convierta en una guerra regional o incluso mundial. Argumentan que, si Israel y Estados Unidos no reaccionan a tiempo, actores radicales interpretarían la inacción como debilidad, se envalentonarían y aumentarían su margen de maniobra, generando más violencia y más víctimas civiles a mediano plazo. Desde esa óptica, una respuesta rápida y firme sería la menos mala de las opciones, un mal necesario para evitar un desastre mayor.

Sin embargo, la otra cara del análisis recuerda que muchas de las heridas más profundas de Medio Oriente se han alimentado precisamente de intervenciones externas que prometían “estabilidad” y terminaron multiplicando el caos. Cada bombardeo, cada operación especial, cada despliegue de tropas extranjeras deja secuelas de resentimiento, duelo, desplazamiento y destrucción de infraestructura básica. A largo plazo, ese dolor se convierte en gasolina para nuevos ciclos de radicalización, reclutamiento y odio. Lo que para unos es una intervención oportuna, para otros es otra vuelta de la maquinaria de guerra que impide que surjan soluciones políticas reales.

También hay un componente de oportunidad política. Tanto en Israel como en Estados Unidos, los gobiernos utilizan el contexto de conflicto para reforzar liderazgos, cerrar filas internas, justificar presupuestos militares y reacomodar prioridades en la agenda pública. Un líder que aparece “firme” ante amenazas externas puede recuperar popularidad, desviar el foco de críticas domésticas o aglutinar a su base alrededor de la idea de seguridad nacional. Esa dimensión no invalida los riesgos reales que puedan existir, pero sí obliga a preguntarse cuánto hay de defensa legítima y cuánto de cálculo interno en cada decisión de intervenir.

La pregunta clave es si esta intervención actual abre una puerta hacia una salida negociada o cierra aún más las posibilidades de diálogo. Una respuesta realmente oportuna sería aquella que, además de contener amenazas inmediatas, integra de manera seria la dimensión diplomática: presión para cesar hostilidades, mediación internacional creíble, garantías de seguridad para todas las partes y un compromiso mínimo con los derechos humanos y el derecho internacional humanitario. Si la intervención se queda solo en la dimensión militar y simbólica, sin un horizonte político claro, la probabilidad de que se convierta en un nuevo episodio de un conflicto interminable es muy alta.

En todo caso, el impacto de la intervención de Israel y Estados Unidos no se limita a Medio Oriente. Afecta precios de energía, agendas de seguridad de Europa, balances internos en países vecinos, movimientos migratorios y la narrativa global sobre guerra, terrorismo y derechos humanos. El mundo observa y toma nota: cómo se justifica la fuerza, quién tiene derecho a usarla “preventivamente”, qué vidas se consideran “colaterales” y cuáles generan indignación inmediata. Ese doble rasero, si existe, también alimenta resentimientos y erosiona la legitimidad de cualquier discurso de paz.

Al final, hablar de “intervención oportuna” implica hacer un balance honesto entre costos y beneficios: ¿se salvaron vidas o se sembraron las semillas de un conflicto peor? ¿Se evitó una expansión regional o se fortalecieron los argumentos de quienes viven de la guerra? ¿Se defendieron valores democráticos o se usó el lenguaje de la seguridad para justificar una vez más el uso de la fuerza en una región cansada de ser campo de batalla de otros? Las respuestas no son sencillas, pero ignorar estas preguntas es repetir la historia con los ojos cerrados.