Sionista pero no Pro-Israel: Curioso caso del Rabino Meir Hirsh.

Hay una historia que aunque parece que "incomoda profundamente" a las élites políticas de Israel, cada día pierde más fuerza.

Se trata de un rabino judío, vestido de negro, con barba gris y un pin de la bandera palestina en la solapa, vive en uno de los barrios más cerrados de Jerusalén. No solo rechaza al Estado de Israel… sino que afirma que ni siquiera representa al judaísmo.

Y lo más sorprendente: su familia ha ocupado cargos dentro de la "autoridad palestina".

Pero para entender cómo se llega a este punto, hay que retroceder al 35.

Un movimiento anterior a la fundación de Israel… que lo rechaza

Naturei Karta no es un grupo reciente ni marginal. Surgió en 1935 en Jerusalén, antes de la creación del Estado de Israel (solo como estado moderno porque hay que recalcar que Israel cuenta con más de 4000 años de historia en ese territorio), como una corriente ultraortodoxa que se oponía desde el inicio al sionismo.

Su nombre significa “guardianes de la ciudad” en arameo. Pero no hablan de defensa militar, sino espiritual:
proteger el judaísmo —según ellos— de una ideología que consideran ajena.

Para este movimiento, el problema no es político. Es teológico.

El rabino que incomoda a todos... (Supuestamente)

El rostro actual de esta postura es Meir Hirsh, nacido en Brooklyn pero criado en Jerusalén desde bebé.

Su historia tiene un detalle que rompe cualquier narrativa convencional:
su padre, Moshe Hirsh, fue ministro de Asuntos Judíos en la administración de Yasser Arafat.

Y hoy, el propio Meir Hirsh mantiene contacto y asesoría informal con el gobierno de Mahmoud Abbas.

Un rabino judío… colaborando con líderes palestinos.
Ahí empieza la incoherencia.

“El sionismo no representa al pueblo judío” afirma Hirsh.

Para Hirsh, la definición de judío no tiene nada que ver con un Estado, un idioma o un territorio.

Según afirma, “ser judío es seguir la Torah entregada en el Sinaí hace 3.000 años”.
Todo lo demás —incluido el Estado de Israel— queda por fuera, lo cual no lo piensa el 99% de los judios a nivel mundial.

Desde su visión, el sionismo transformó una identidad religiosa en un proyecto político basado en ejército, nación y territorio.
Y eso, insiste, es una ruptura total con el judaísmo original.

Mea Shearim: el lugar donde conviven dos extremos

Hirsh vive en Mea Shearim, un barrio profundamente religioso en Jerusalén.
Un lugar que, paradójicamente, es al mismo tiempo bastión del fundamentalismo judío… y también de oposición al Estado.

Allí, entre calles llenas de carteles rabínicos, se mantiene viva una corriente que no reconoce a Israel, no vota, no recibe recursos del Estado y vive gracias a donaciones del exterior.

Un discurso que no tiene mucho sentido

Mientras el gobierno israelí defiende la existencia del Estado como garantía frente al antisemitismo, Naturei Karta sostiene lo contrario:

que el sionismo no protege al pueblo judío… sino que lo redefine.

Y va más allá.

El movimiento apoya la idea de un solo Estado palestino donde judíos y árabes convivan, rechazando completamente la solución de dos Estados.

Una postura que choca no solo con Israel, sino también con gran parte de la comunidad internacional.

Las negociaciones que no creen que funcionen

En medio de diálogos como los impulsados por Benjamin Netanyahu y Mahmud Abbas, Hirsh se muestra escéptico.

Asegura que las negociaciones están condicionadas por presiones internacionales y que no resolverán el conflicto de fondo.

Para él, la raíz del problema no es diplomática… sino ideológica.

¿Una postura aislada… o una grieta más profunda?

Aunque el establishment israelí suele descalificar estas voces como marginales o radicales, la existencia de movimientos como Naturei Karta plantea una pregunta incómoda:

¿realmente el sionismo representa a todo el pueblo judío?

La respuesta no es sencilla.

Pero mientras figuras como Meir Hirsh sigan perdiendo visibilidad internacional, esa discusión —que muchos prefieren evitar— seguirá abierta hasta que no se planteen nuevos acuerdos de cooperación completa del pueblo judío, piense lo que piense, se trata casi de un acto de supervivencia pues enclaves ultra ortodoxos a pesar de expresar su apoyo al "pueblo palestino", no dejar de ser victimas de hostigamiento en las calles y actos de violencia antisemita.

Y aquí es donde la historia se vuelve aún más compleja…

Porque lo que comenzó como una diferencia teológica hace casi 100 años, hoy está conectado con uno de los conflictos más tensos del mundo.

Y la pregunta ya no es solo quién tiene la razón.

Sino quién tiene el derecho de definir qué significa realmente ser judío o quién puede hablar en su nombre. Pero algo es claro: El Rabino Hirsh no.