Hay una cifra que debería encender todas las alarmas en Colombia…
pero aún no se está discutiendo con la profundidad que merece: 37. Ese es el número de acciones terroristas registradas en apenas cinco días en el suroccidente del país.
Y lo más inquietante no es solo la cantidad… sino la forma en que se están ejecutando.
Una ofensiva coordinada, no hechos aislados
Las autoridades atribuyen esta escalada a estructuras criminales bajo el mando de alias “Iván Mordisco”, uno de los principales cabecillas de las disidencias de las FARC.
Pero lo que está ocurriendo no responde al patrón tradicional.
No se trata únicamente de ataques con explosivos.
La ofensiva incluye:
- Uso de drones para lanzar artefactos
- Bloqueos de vías estratégicas
- Incineración de vehículos
- Retenes ilegales
Un despliegue que evidencia capacidad operativa, logística y control territorial.
El mensaje detrás de los ataques
El dato más revelador es que estas acciones no están dirigidas exclusivamente contra la Fuerza Pública.
En varios casos, las víctimas han sido civiles.
El atentado más grave ocurrió en la vía Panamericana, donde una explosión dejó decenas de muertos y heridos, mostrando un nivel de impacto que va más allá de un objetivo militar.
Esto cambia completamente la lectura:
ya no es solo una confrontación armada…
es una estrategia de presión.
¿Retaliación, control o algo más?
Según las autoridades, una de las hipótesis es que esta ola de violencia responde a los golpes recientes contra la estructura criminal, incluyendo operaciones militares que afectaron el círculo cercano de alias “Mordisco”.
Pero esa no es la única lectura.
También se analiza si estas acciones buscan demostrar poder territorial en un momento clave para el país.
Porque cuando una organización es capaz de ejecutar decenas de ataques en pocos días, el mensaje no es solo militar…
es político.
Un nuevo escenario: la guerra evoluciona
El uso de drones y ataques simultáneos en distintos puntos muestra una evolución en la forma de operar de estos grupos.
Ya no se trata únicamente de emboscadas o atentados puntuales.
Estamos frente a una lógica más compleja:
- coordinación regional
- diversificación de métodos
- impacto mediático
Y, sobre todo, una capacidad de adaptación que desafía las estrategias tradicionales del Estado.
Si en solo cinco días se pueden ejecutar 37 acciones terroristas…
¿qué podría pasar en los próximos meses?
Porque más allá de la violencia inmediata, lo que está en juego es algo más profundo:
el control del territorio, el miedo en la población
y el rumbo de un país que entra en un momento político decisivo.
